Si bien esta mañana os contábamos la retirada del Triatlón profesional de Richard Murray, ahora es el turno de su pareja. La holandesa Rachel Klamer anunciaba al mismo tiempo que Murray el mensaje donde hacía oficial también su retirada. Una decisión que han tomado de manera mutua y han querido comunicarlo a la vez para así dar ambos este difícil y valiente paso que les abra las puertas de un nuevo futuro apartado de los focos.
Se marcha una de las grandes exponentes del triatlón de corta distancia
A lo largo de los años, Klamer combinó resultados de nivel con una personalidad competitiva, reflexiva y resiliente. La constancia en Series Mundiales, los podios internacionales y su capacidad para mantenerse entre las mejores del mundo definieron el fuego deportivo que ella misma describe: «Un fuego que ardió fuerte, se apagó a veces, pero nunca desapareció del todo». Desde su debut adolescente hasta sus cuatro participaciones olímpicas, construyó una vida deportiva basada en la disciplina, la autenticidad y una profunda pasión por el triatlón. Su capacidad para competir al máximo nivel incluso en los momentos personales más difíciles, como tras el fallecimiento de su madre, la convirtió en una figura admirada dentro y fuera del circuito.
En sus declaraciones de despedida, Klamer revela la intimidad del proceso que la llevó hasta esta decisión. “Esta vez me despido en voz alta, no solo en mi cabeza”, confiesa al inicio de su mensaje. Reconoce las dudas que la acompañaron durante años: “No sé cuántas veces he pensado en cómo escribir este mensaje… hubo momentos en los que pensé ‘ahora es suficiente’, y tan a menudo decidí que aún no estaba lista”. También describe, con una honestidad desarmante, la complejidad emocional del adiós: “Con una abrumadora mezcla de emociones, desde el orgullo y la alegría hasta la tristeza, me despido de mi carrera profesional como triatleta”.
Con la tranquilidad de la que se va con todo el trabajo hecho
Klamer mira su trayectoria con serenidad y sin arrepentimientos. “Alcancé casi el nivel más alto que se puede lograr en el deporte… Me doy cuenta de que tal vez llegué tan lejos precisamente porque viví de una manera que me permitió disfrutarla la mayor parte del tiempo”, explica. También recuerda la dureza mental del alto rendimiento: “A veces sentía como si hubiera un ángel en un hombro y un diablo en el otro… Cuando había demasiado malestar en mi cabeza, el estrés se volvió abrumador”. Pese a todo, conserva un orgullo profundo: “Miro hacia atrás con un sentimiento de orgullo… un orgullo tranquilo que llevaré conmigo siempre”.

En esta despedida, Klamer dedica agradecimientos sinceros a quienes la acompañaron: patrocinadores, entrenadores, compañeros y, especialmente, su familia y su marido. “Un agradecimiento especial va a mi familia y a mi esposo, que celebraron los éxitos conmigo y me apoyaron durante los momentos difíciles”, afirma. De cara al futuro, su mirada se llena de nuevos propósitos: “Espacio para nuevos sueños. Para un tipo diferente de fuego”. Su madre, recuerda, siempre le decía: “Sigue a tu corazón y pon toda tu energía en perseguir tus sueños”. Y es justamente lo que hará. Junto a Murray, construirá un proyecto común que unirá deporte, experiencia y aprendizaje en un entorno nuevo, vinculado a su vida tras la competición.
El triatlón siempre formará parte de ella. “El triatlón está en mí y eso siempre permanecerá”, asegura. Tras vivir cuatro veces el sueño olímpico, cierra este capítulo con gratitud y sin renunciar a una chispa competitiva que aún late: “Todavía no tengo planes deportivos concretos… bueno, para ser honesta, eso no es del todo cierto. Ya hay un evento en el calendario”. Con esa última confesión, deja claro que, aunque se despide del profesionalismo, la llama del deporte nunca se apaga del todo.
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