Iván Raña se destapa, sin pelos en la lengua. Por esto, y por muchas cosas más… #SoydeIvanRaña

Iván Raña se destapa ante el periódico “El mundo”. Todo lo que dice es la razón de por qué es quien es, de por qué ha conseguido lo que tiene, y de por qué es querido por todo el mundo del Triatlón y del deporte.

Os destacamos algunas de las cosas más relevantes sobre nuestra leyenda Iván Raña:

En el colegio le llamaban “matao”… “Que a los 14 años un chico prefiriera aprovechar cada rato libre para irse a correr al monte o nadar no era normal en un pueblo pequeño como el mío. Suspendí Educación Física en primero de BUP. De locos. Algo así como cuando catean Inglés a un nativo. Sabía lo que era un test de lactato, cómo recuperar entre series, llevar el ritmo… pero no me pusieron ni un aprobado raspado. Eso dice mucho de la mierda de un sistema que no valora la fuerza de voluntad de un chaval que se iba a entrenar en lugar de atiborrarse de palmeras de chocolate en el patio. No fue una buena época”.

Si corres descalzo en España te miran como si estuvieras mal de la cabeza… “En Nueva Zelanda, los niños de tres años lo hacen y aquí te miran como si estuvieras mal de la cabeza. Mucha gente piensa que lo hago para dar la nota. A mí me da igual pero reconozco que cuando estoy en Madrid, por ejemplo, no entreno en El Retiro porque no tengo ganas de aguantar tonterías». No entiende por qué choca tanto. «¿Acaso se siente lo mismo cuando se cocina o se toca la guitarra con guantes? Cuando te pones unas zapatillas no eres dueño de tus sensaciones. Me gusta sentir dónde piso. Notar si el suelo está frío o caliente, su textura».

Correr un Ironman descalzo… “Me gustaría hacer un ‘ironman’. De hecho, ya he corrido 30 km en asfalto sin problemas. Pero no es algo que me inquiete especialmente. Corro para mí, no para que me vean. Por eso, no lo había contado hasta que competí en Madrid el año pasado. Justo al revés de lo que hace todo el mundo, que parece que se mueve para que se le vea. Se equivocan, porque se les va a pasar la vida intentando alegrar al vecino con sus hazañas de cara a la galería”.

De los triatletas tatuados que hacen Tri para vender su imagen… “Soy un deportista natural. El resto es todo una parafernalia que no sirve ni para tomar por culo. Es todo una fachada. Todo es mentira. Recibimos tal bombardeo de información que se nos ha olvidado sentir».

Se pierde el respeto a la distancia Ironman… “Algunos se lo toman como el que va al Camino de Santiago. Se le está perdiendo el respeto a la distancia. Yo no me atreví a enfrentarme a ella hasta los 33 años. Es un reto para el que hay que estar muy preparado para superarlo sin pasar calamidades”.

Del Triatlón al ciclismo profesional, a los rallies… “Me llamaron de todo pero me salí con la mía. Ser como yo es una putada porque te pasas la vida buscando estímulos y nunca estás tranquilo. Los coches mantienen ahora mi espíritu competitivo a tope”.